lunes, 18 de julio de 2011

Sobre las superficialidades de García Padilla

Nota del autor
            Esta reflexión se basa, principalmente, en la entrevista que el periodista Israel Rodríguez Sánchez le realizara a Alejandro García Padilla en el contexto de la Convención del Partido Popular Democrático (PPD) de 2011. Dicha entrevista se publicó el 18 de julio de 2011 en El Nuevo Día, en la página seis.

            Buscando algunas pistas sobre lo sucedido en la Convención del PPD durante el fin de semana, me presto a leer las contestaciones que hiciera García Padilla a las preguntas planteadas en la mencionada entrevista. Mientras me desayunaba una rica avena Quaker con un café, la primera contestación ya me provocó un gran suspiro. Ante la pregunta sobre el saldo de la asamblea, García Padilla recurre a las cifras sin sentido. Siguiendo el modelo del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la Unión Europea y del gobierno federal de los Estados Unidos de América, entre otros, García Padilla decidió basar su respuesta en los números. El éxito de la asamblea para él se basó en la cifra de carros (10.461), guaguas escolares (60) y guaguas van (40) que fluyeron en el lugar donde se celebró la convención. Es como cuando las instituciones antes mencionadas nos hablan de grandes cifras de dólares y euros —que ante los oídos del resto de los mortales no hacen ningún sentido— para justificar los “rescates” a bancos y entidades privadas que han especulado con el dinero público. Por añadidura, García Padilla muestra su poca consciencia ecológica cuando habla de los 10.461 carros como parte del positivo saldo de la convención. El carro, como objeto de consumo e individualismo ha pasado a convertirse en una cifra más importante que el número de las personas e individuos comprometidos con su partido que asistieron a dicha convención.

            En cambio, cuando el periodista alude a la desorganización de la elección a la Junta de Gobierno del partido, García Padilla entonces recurrió a la “tanta gente” que participó. Es en esta pregunta cuando el senador del augusto palacio parlamentario de Puerta de Tierra —con columnas de mármol hueco— pudo hacer referencia a la gran cifra de los carros. Hubiera sido de igual forma una evasión a la pregunta, pero hubiera sido más adecuado atar la desorganización al gran flujo de carros, guaguas y vanes. Pero no, para referirse a la desorganización entonces recurre a achacársela a las personas que asistieron. Además, recurre a un triste sin sentido para contestar la pregunta sobre la desorganización. Dice: “fue extraordinario”.

            La cuarta contestación es una que hay que tomar con pinzas. Es través de contestaciones como estas que los ciudadanos nos podemos dar cuenta de quiénes son los que están detrás de la candidatura de García Padilla a la gobernación del ELA. Son las viejas elites del partido, lideradas por la familia del ex gobernador Hernández Colón, y las corrientes que piensan que el ELA es un pacto bilateral. Es el inmovilismo claro y raso: “El ELA es uno, con sus posibilidades de crecimiento, con sus logros ya adquiridos y con los logros por alcanzar”. También es la creación y sustento del mito. Si bien es cierto que en el Puerto Rico pre ELA era evidente la pobreza, no hay que olvidar los 54 años que Puerto Rico estuvo sometido al dominio del poder colonial directo y desenmascarado. Aun así, Puerto Rico no era el “país más pobre del hemisferio”; ni se ha transformado en “uno de las más ricos en tiempo récord”. No estaría demás en un futuro preguntarle a García Padilla, ¿qué es para él un país rico? (Todos debemos preguntarnos, ¿qué tipo de riqueza queremos?) No dudo que nos conteste una retahíla de cifras entre las que incluya la cantidad de carros por número de habitantes.

            Sobre el tema del colonialismo, García Padilla hace referencia a dos instituciones sin contextualizar la historia que hay detrás de ellas. Habla sobre el Tribunal Supremo de Estados Unidos y de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Por un lado, el Tribunal Supremo de Estados Unidos sí reconoció que Puerto Rico es de Estados Unidos, pero no forma parte de.[1] Y por otro lado, si bien es cierto que la Asamblea General de la ONU sacó a Puerto Rico de los territorios coloniales y administrados fiduciariamente[2], no deja de ser cierto que desde 1973[3], tanto el Comité de Descolonización, como los poderes ejecutivo (a través de los informes interagenciales) y legislativo (a través de diversos debates en el Congreso) de la jurisdicción federal estadounidenses —desde finales de la década de 1980— han puesto en duda la superación de la cuestión colonial (en el vocabulario constitucional estadounidense “territorial”).

            García Padilla habla de un solo PPD. Quiere proyectar el partido como lo fue el Partido de la Unión de Puerto Rico; como una gran casa donde caben todos (casi al estilo corporativista). En el PPD hay muchas corrientes, al igual que las hay en el movimiento anexionista y en el independentista. Por lo tanto, ¿qué hay de malo en admitirlo? ¿Cómo es posible que se presente como una figura apegada al realismo político cuando vive del idealismo de la superación colonial y de la unidad entre los populares? Tanto el gobierno federal, como instituciones internacionales y diversas corrientes de su partido admiten que Puerto Rico aún está sujeto a condiciones político-económicas de carácter colonial. Que en el asunto no se nos debe ir la vida, es cierto. Pero si queremos empezar por hacer política realista lo más indicado será por aceptar unos hechos como dados y superar estos viejos debates y estrategias.

            Y es que hablando en términos generales sobre cosas que son deseables por todos: como la creación de empleo, mejor educación, salud y condiciones de vida, no se propone nada. Ya quisiera encontrar un puertorriqueño que deseara lo contrario. Hay que hablar de macro y micro estructuras y de cómo podemos cambiarlas para nuestro beneficio colectivo y que en cambio —como sucede ahora— éstas no determinen nuestros planes de acción.

            Para culminar, y siguiendo el ejemplo de García Padilla haciendo referencia a sus lecturas de cartas de Luis Muñoz Marín, hago las siguientes citas de prominentes miembros-fundadores del PPD. La primera, del mismo Muñoz Marín:

Congressman, I have had a great friendship for Mr. Crawford and I have a great respect for his memory, but I would not agree with him in that. If he was right, then Puerto Rico is still a colony of the United States. If it is still a colony of the United States it should stop being a colony as soon as possible for the honor of the United States and for the sense of self-respect of the people of Puerto Rico. (1963)

            Esta otra de Antonio Fernós Isern:

Llegado [al Estado Libre Asociado] no hemos encontrado una cómoda y acaba mansión en que albergarnos; sino, todavía los cimientos, sólo los cimientos, las paredes externas y la techumbre de un edificio a medio construir, en que nos hemos acomodado en tanto completamos la estructura para que adquiera ésta su definitivo empaque. (1973)

            Y también ésta de Trías Monje:

Tal política de no-hacer-nada conducirá a una creciente exacerbación del virulento debate sobre el status en Puerto Rico, una retracción del centro, y una posible polarización y violencia. La continuación de la actual política significaría que más de quinientos años de sometimiento y desesperación no se consideran suficientes, que debe hacerse más penitencia para que Puerto Rico limpie cualquier cuenta de pecados por su presente desdicha. (1997)


[1] Desde 1901, en el caso Downes v. Bidwell (182 U.S. 244 [1901]), el Tribunal Supremo de Estados Unidos confirmó la condición de Puerto Rico como colonia de los Estados Unidos. Las posteriores actas de gobierno civil, dadas en el Congreso a los ciudadanos puertorriqueños (ley Jones y ley 600), no cambiaron esta jurisprudencia.
[2] El 27 de noviembre de 1953, EE UU recurrió a la estrategia de la picaresca para sacar a Puerto Rico de la lista de territorios coloniales. Primero, logró que con una mayoría simple (gracias a la gestión del mecanismo de abstenciones), Puerto Rico fuera eliminado de dicha lista. Después de esto se determinó una lista de factores que determinarían cuándo una colonia dejaba de serlo. El caso de Puerto Rico acababa de ser decidido y no pudo ser analizado a la luz de dicha lista. (Trías Monge, 2000, pág. 173).
[3] En este año, Cuba presentó una solicitud para que se incluyera el caso de Puerto Rico en la agenda del Comité de Descolonización, sobre la base de que el derecho de Puerto Rico al gobierno propio no se había reconocido todavía, y no se habían cumplido las condiciones de la resolución 1514 (XV).

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