martes, 27 de septiembre de 2011

Sobre el nacionalismo hispanófilo y de otras confusiones

Nota del autor
Este escrito es una breve reacción a la columna “Colonia y colonizados”, publicada por Fufi Santori el día lunes, 26 de septiembre de 2011 en la versión digital de El Nuevo Día, http://goo.gl/iquEP.

            La columna a la que hago alusión no presenta nada nuevo respecto a las opiniones de su autor: Fufi. Más bien, es una reiteración de lo que ha venido siendo su corpus ideológico y su forma de presentarlo durante mucho tiempo. A veces, nos atormenta con sus personajes de la “bachatita” en un bar; donde se encuentran el anexionista, el autonomista y él; claro, como la vanguardia del pensamiento independentista del siglo XXI. Hoy, nos vuelve a atormentar con su conservadurismo y su visión por demás, debatible y cuestionable de los conceptos a los que recurre.

            Este tipo de escrito fue y es, además de germen de tormentos, fundamental para muchas de las ideas que rubricaron aquellos postmodernistas que, durante la década de 1990 y a inicios de la de 2000, protagonizaron intensos debates en El Nuevo Día, Diálogo, Claridad, OP. CIT., debates, y otras revistas, periódicos y libros. Es un típico ejemplo de lo que ellos llamaban, desde su giro lingüístico, el neonacionalismo-conservador. Pero vale aclarar que también debiera preocuparnos, y mucho, a aquellos que queremos pensar la cuestión política —incluyendo el asunto de la nación—, social y económica desde una izquierda que resiste mientras transforma y decoloniza sus ideas.

            Es por eso que propongo analizar y criticar el texto en cuestión en torno a cuatro grandes temas:
1.      El poder/saber que se adjudica Fufi para caracterizar a la nación
2.      Su añoranza por el colonialismo español-benevolente
3.      Su obsesión, recurrente y cansona, con la ciudadanía desnacionalizante
4.      Algunas sacralizaciones y contradicciones

I.

            En primer lugar, uno de los elementos que más llamó la atención en mi lectura es el poder/saber que se adjudica Fufi para caracterizar a la nación a su antojo. No sólo sugiere que lo que constituyó una amenaza contra “nuestro idioma español” lo es y será siendo por toda la eternidad, sino que afirma que “nuestras ideas, creencias y costumbres obviamente hispanas”, que son parte “del desarrollo de nuestras raíces étnicas”, también están amenazadas. Entonces es aquí que cabe hacerse las primeras preguntas. ¿Está el español amenazado en Puerto Rico? Y si lo está, ¿por quién? Y si el español es una parte constitutiva y esencial de la nación, ¿entonces no son puertorriqueños/as las segundas y posteriores generaciones de emigrados a Chicago, Nueva York, Hartford; y ahora, Orlando y Tampa que no lo saben o lo hablan como él quisiera? ¿Por qué son “obviamente” hispanas nuestras costumbres? Su discurso termina siendo tan conservador respecto a la hispanidad, que ni tan siquiera recurre a la historiografía oficial de la década de 1950, en la que se hicieron esfuerzos patentes para resaltar el elemento taíno de la “gran familia” en obvio detrimento de la negritud africana. Resumiendo, todo lo que no sea “obviamente” cultural y étnicamente hispano no es relevante para la identidad nacional puertorriqueña. Lo sorprendente sigue siendo su estupenda capacidad de restar y eliminar, en un par de tecleados, elementos de las culturas e identidades puertorriqueñas.

II.

            Fufi, en su hispanofilia recalcitrante, no muestra ninguna vergüenza al caracterizar como benévolo el colonialismo español frente al estadounidense. Cito: “Tanto los españoles como los anglosajones eran imperialistas[,] pero el coloniaje español al fin del siglo 19 nos sojuzgaba s[ó]lo políticamente siendo obvia nuestra afinidad cultural por el compartir un mismo idioma, sistemas jurídicos y económicos[,] as[í] como credos religiosos y costumbres” (las cursivas las he puesto yo). Fufi no parece querer tomar en consideración que para que en el siglo 19 hubiera eso que él llama la afinidad cultural, tanto en ese siglo, como anteriormente, no sólo hizo falta la exterminación, sino que hizo falta esclavizar y mal gobernar a un pueblo. Su relato no cuenta ni tan siquiera con el retraso y explotación que esos credos y costumbres —en clara referencia al catolicismo— implicaron para sus tan añorados sistemas jurídico y económico. Pareciera ser que la imposición de la encomienda, la libreta del jornalero, la inquisición y la supresión de prácticas religiosas, los compontes, el mercantilismo, la agro-exportación, los azotes, la negación a la educación y una inmensa, enmendable y debatible lista no son agresiones culturales, políticas y de otro tipo. Al fin, que “s[ó]lo nos sojuzgaba políticamente”.

III.

            Pasando al tema obsesivo, recurrente y cansón de Fufi —la desnacionalización de todos nosotros—, baste notar cómo de un plumazo nos desprende de la identidad puertorriqueña. Fufi piensa, y así lo hace entrever —desde mi interpretación— en todos sus escritos que el 1917 es el año trágico, sustituyendo el que en la historiografía puertorriqueña de diversas corrientes ha sido el 1898.

            Para él, todo “colonizado” está desnacionalizado prácticamente, siendo voluntad propia, por no deshacerse del dichoso documento de ciudadanía. Por ser ente jurídico y político de segunda del Estado imperial ya estamos todos “desnacionalizados”. Para él, el elemento jurídico y político que llamamos Estado (y su ciudadanía) también es constitutivo de la identidad nacional. Por lo tanto, la nación no es nación en cuanto no se constituye su Estado. Él se posiciona en el panóptico y dice: “Aquellos que tienen ese documento no son puertorriqueños. Yo, como me deshice de la falacia jurídica y política que esa ciudadanía representa, sí lo soy”.

            No siendo el colmo esto, Fufi nos clasifica, como si el primero no fuera suficiente poniéndonos otro carimbo a dos grupos. El primero es la “fábrica que atesora” la ciudadanía y el resto que acepta “la inferioridad porque les conviene”. A tal atrevimiento y ostentación de sabiduría nacional llega este señor. O sea, que aquellos independentistas, nacionalistas o no, de diversas tendencias, de izquierda a derecha o como le queramos llamar, son todos unos oportunistas por el mero hecho de no renunciar a la ciudadanía estadounidense. Para él, todo se reduce a ese fetiche. Un fetiche que es relevante en la cuestión política, jurídica y económica, pero que constituye nada en cuanto a la identidad nacional. O, ¿acaso se han desnacionalizado —lo que quiera decir esto— nuestros familiares por vivir en Tampa? Fufi está muy equivocado. El Congreso federal no se “aseguró” nuestra lealtad ni la de muchos compatriotas por la imposición de la ciudadanía. Tampoco nos quitó la capacidad de luchar —como sea que entendamos este clisé— contra el sistema económico, jurídico y político. Sí hay trabas, sí hay enredos, sí hay contradicciones, pero no es un factor limitante para hacer lo que haya que hacer y mucho menos para asumir la identidad que queramos.

            Todo su análisis gira en torno a la ciudadanía. Ni por asomo toma en consideración factores estructurales como el económico, la salud, la educación, el flujo migratorio y una larga lista de factores debatibles. Claro, era de esperar, si añora el sistema económico del siglo 19 que no tomara esto como un elemento de análisis (someramente lo hace al final, aunque sin crititcar de raíz el sistema capitalista). En otras palabras, Fufi no tiene la capacidad/poder de saber las múltiples identidades que pueden tener los puertorriqueños y puertorriqueñas. Yo por ejemplo, no quiero compartir su construcción hispanófila y racista. Es muy fácil despachar un asunto tan complejo así, Fufi.

IV.

            Esto nos lleva a la última parte de mi propuesta: las sacralizaciones y contradicciones. La primera sacralización/contradicción es respecto a la figura de Pedro Albizu Campos. Dice de él: “para mí, el padre de nuestra patria y nación”. Más sin embargo, según los criterios que Fufi esboza más adelante, Albizu estaba desnacionalizado/colonizado; no renunció a su ciudadanía y fue teniente coronel del Ejército de EE UU. ¿También le convenía? ¿No contaban otras acciones además de su ciudadanía colonial? Si para él las “realidades” se consignan con tanta facilidad, pareciera ser que hasta su procerato se ha quedado desnacionalizado.

            Segunda sacralización/contradicción. Esta es más recurrente y tiene que ver con la figura de José de Diego. Su “ilustre presidente” de la Cámara de Delegados pudiera ser considerado por unos como “un oportunista” (según la propia definición de Fufi) debido a que jugaba con múltiples identidades. Frente a otros hombres y mujeres que se adherían a corrientes de pensamiento y acción radicales contra el sistema tanto económico, como político, de Diego prefirió ser parte del juego de los grandes intereses terratenientes-azucareros y anti-obreros en el país. Oppss, ¿se desnacionalizó?

            La tercera sacralización/contradicción es el desfase que hay entre el comienzo y el final de su escrito respecto al momento que vive “la nación”. La primera oración dice que Puerto Rico “vive su peor momento como nación” debido a la amenaza a lo hispano. Pero, al final se olvida del elemento “nacional”, el que estuvo evaluando durante todo el escrito, para plantarnos que Puerto Rico “vive su peor momento porque, sea en una colonia, una república o un estado federado, el funcionamiento de un gobierno dependerá de la inteligencia, sabiduría y capacidad administrativa de quienes lo dirigen”. De repente, dejó de ser relevante la nación. Por un lado, pudiera decirse que desapareció por completo de su análisis. Aunque por otro, pudiera interpretarse, que no la elimina del todo porque pudiera estar viva incluso en la anexión. Para él ese “peor momento”, que añade que teóricamente pudiera darse dentro de la anexión federada, es debido al mal gobierno. Pero, entonces ¿el “peor momento” ha superado todo el asunto de la desnacionalizción para centrarse en la “inteligencia, sabiduría y capacidad” de los gobernantes? Al final, dice que la crisis neoliberal (fíjese que en ese caso deja el espacio abierto para otras adaptaciones “bonachonas” del capitalismo), se resolverá con la reivindicación de la “ciudadanía y nacionalidad puertorriqueñas”. Aquí personifica al ente jurídico y a la nación, los cuáles, pareciera ser que por sí solos, resolverán la crisis del mal gobierno. ¿Por qué no tomar otros elementos de análisis junto con las identidades?

            Fufi, por cuarta y última sacralización/contradicción, sigue confundiendo dos conceptos básicos. Parece que su educación desnacionalizadora (¿en inglés?) y todóloga constantemente lo lleva a tomar por sinónimos ciudadanía y nacionalidad. La ciudadanía, el ente jurídico, lo podremos tener cuando tengamos un Estado que lo avale, y no será incompatible con otros documentos; según lo podríamos acordar con los Estados que quieran. Por otro lado, la nacionalidad ha estado y estará ahí, aunque para mí gusto no como la conceptualiza e instrumentaliza Fufi. La nación es un elemento revolucionario cuando no se totaliza ni se define con amarres de cien varas. Es un espacio de identidad que se transforma y que debe estar abierto a múltiples vaivenes para sumar y construir, no para clasificar cuál si vacas fuéramos.

martes, 30 de agosto de 2011

La sala y el pasillo

            Lo reconozco. Soy y seré un prepa eterno. Hoy, por primera vez, intentando retomar una rutina de estudio en la biblioteca, visité la Biblioteca General José M. Lázaro de la UPR-RP. Me sentí entre a gusto y perdido entre el algaretismo cool de los perros que son ratones de biblioteca, las reuniones en las mesas y los que hablan solos mientras caminan.

            Por intuición caminé hasta el fondo del pasillo de entrada. Ahí estaba la Sala de América Latina y el Caribe. Entré y me senté en la computadora con acceso al catálogo digital; muevo el ratón y escribo. No llevaba ni un minuto cuando ya tenía a la bibliotecaria a mi lado. Lo que pensé era un acto de amabilidad y entrega al estudiantado se convirtió en un delirante atropello. Así que en menos de dos minutos ya estaba afuera. Terminé comprendiendo por qué la sala estaba vacía y por qué la hija del ex gobernador lloró el fatídico día que decidió entrar allí.

-¿Qué tú haces aquí?

-Pues estoy haciendo unas búsqueda en el catálogo de algunos libros que me puedan interesar sobre esta temática.

-¿Pero qué tú haces? ¿Qué tu buscas? Eso lo puedes hacer desde tu casa.

Le dije: “Sí, lo sé. Lo que sucede es que aprovechando que decidí venir precisamente a la biblioteca pues lo buscó aquí”.

-¿Pero qué haces? Eso no es así (me quitó el “mouse”). Eso no se busca así, tienes que hacer esto, esto, esto y esto y además no escribas en el catálogo en español. Tienes que escribir en inglés.

-Muchas gracias.

            En ese momento pensé que se iría de mi lado y que por fin podría hacer la búsqueda. Pero no. Se quedó allí observándome.

-Así no se hace, te dije. ¿Pero que tú estás buscando? ¿Qué haces aquí?

-Muchas gracias señora. Adiós.

            Me levanté, salí a respirar y a caminar.

            Ante una sala bibliotecaria vacía, en clausura y con barrera humana incluida, decidí irme al “lobby” del REB en busca de algo de aire y donde pasar la ira; algo así como los pasillos de Chardón en el RUM.

            Ante las salas clausuradas y vacías, hubo un “lobby” abierto al conocimiento y debate. Rápido recibí las hojas que reparte el maestro retirado. Hablé con él por unos quince minutos sobre las falacias de la economía sustentable-sostenible, sobre el poder de los Rothchild, sobre las privatizaciones globalizantes, sobre el militarismo, la economía cubana y la crisis del capitalismo global, entre otros temas.

            La charla alegró mi tarde. Sus fotocopias son muy parecidas a las que prepara un personaje que solía ver mis en mis primeras visitas a la UAM. Este iba de forma esporádica a repartir sus cuartillas escritas con el flujo de consciencia. Recuerdo aquello de la “república estalinos-laica-etarra-monárquica”. Son aquellos que solemos llamar los “loquitos-genio”. Pero, que en todo caso son aquellos que han recuperado la cordura y han abierto su mente al compartir a través de la lectura, la escritura y la charla. En cambio, la biblioteca de la razón seguirá cerrada por una barrera humana.

sábado, 27 de agosto de 2011

Cuando me iba…

            Hoy por poco me iba de Puerto Rico, pero el destino e Irene me devolvieron a Piñones. Allí, como si de una llegada se tratara, recargué energías para una semana más. ¡Y cuánta energía y sabor!

            Un sábado, al mediodía, se pueden escuchar y ver las sonrisas más hermosas del país. Demás está decir que se pueden escuchar las conversaciones más interesantes.

El musicólogo

-Oye, ¿esa estación que tienes puesta es la Z? ¿Tú te acuerdas de cuando Óscar de León le hacía los coros a Daniel Santos? Yo tengo un video de eso. Daniel nació en Trastalleres, en la Calle Aguacate, que todavía está por ahí.

Las maestras retiradas

-Oye, ¿dónde estará Vega Borges?

-Pues… algunos dicen que está de vacaciones (en un crucero), otros que se fue a hacer una cirugía plástica y hay gente que dice que está muy enfermo.

-Yo creo que nosotras le dimos clase en octavo grado.

-Pues tendría que ver las fotos de mis grupos. Las tengo todas y las guardo con mucho cariño.

-Mira pa’llá chica como están esas hormigas bravas ahí. Esas sí que pican; son colarás y bien bravas.

            La otra maestra se quedó como si no fuera con ella el asunto. No estaba dispuesta a abandonar el banquito hasta que tuviera asegurada otra silla. Las hormigas, en todo caso, no le picarían. Ella estaba muy segura de ello. Pero en tanto, su compañera, de aquellos años en que el libro de estudios sociales de tercer grado estaba un poquito menos sesgado, tuvo aseguradas dos sillas, se paró como si tuviera un resorte.

-¡Uy fó’ qué peste! Debe de haber un pozo muro por allí.

-Ese es el olor del mangle, riposto la otra.

-¡Uy fó’! ¡Apesta a pozo muro!

            En eso, se metió un señor que acompañaba a una señora empecinada en sacarle la crema al coco con el dedo y dijo: “Allí hay una letrina, señora”.

            ¡Ave María! ¡Qué peste! Cuando nos den las alcapurrias arrancamos.

            El señor entremetido y con gafas dijo: “¿Usted no se acuerda de la peste de su juventud?”

            La señora se hizo la desentendida.

Los analistas políticos

-Tomy ya le tiró la toalla a Arango. Él siempre le tira la toalla a to’s los malos.

-Sí, esas fotos están brutales. Eso es como el ojo de un huracán. ¡Una cosa grande y pelú’a, diría Susan!

La boba

            De repente, vino la vendedora de lotería tradicional.

-¡Viene, viene! ¡Llévate, llévate para el miércoles y para el millón! ¡Traigo la boba, ya llegó la boba!

-Dame cinco pesos de los del millón.

-¡Viene, viene! ¡Pa’l miércoles y pa’l millón! Chequea tus pedazos con la boba.

-Chica pero ven acá, ¿qué es eso de la boba?

-Pues esos son los números premiados. Es la boba porque la lista soy yo. ¡Viene que traigo la boba!

-Mera, chequeame estos pedacitos en la boba.

-¡Ave María! Este billete me lo pidieron, pero no me acuerdo quién fue, dijo esforzándose por recordar dónde había anotado aquel nombre.

           Y de repente el niño.

-¡Papi, por favor dame las llaves! ¡A mí no me gustan las alcapurrias! ¡Quiero agua de coco! ¡Ummmm… qué rica está! ¡Señora! ¡Buen provecho!

            De repente la señora dijo que se iba. La lista se fue con su boba y su carpeta de billetes encaramada en la cabeza. ¡Maestra del equilibrio se fue culipandeando!

miércoles, 17 de agosto de 2011

La Noche


Un personaje de Sabana Grande


            Se asomó por la puerta de cristal de la oficina del dentista. Da el saludo de rigor a esas horas de la mañana: “buenos días” y toma el primer asiento. Disfruta del momento en la cómoda silla y el acondicionador de aire. Mira a todos directamente a los ojos; todos lo miran a él y con un miedoso silencio le escuchan.

—Me acuerdo que aquel día llegué a la casa de Teresa. Y me dijo: “baja que voy a hacer algo con Ché que tú no puedes ver”. ¿Saben lo que era? (Nadie contesta). Que le sacó un colmillo (y gesticula con las manos) con un alicate.

—También me acuerdo cuando en la Central le gritamos a Ernesto: “salte que la máquina aplanadora viene”. No nos hizo caso y lo aplastó. Quedó como una sardina.

            El de al lado, con un gran dolor en el “cordal 31” (así le dijo a la secretaria cuando llegó) le preguntó que si eso había salido en las noticias del canal 6. La Noche no contestó. Decidió pararse e irse a hacer sus gestiones diarias. La gente se miró y quedó satisfecha con la pequeña intervención de este singular personaje de la gran sabana a tan temprana hora. Unos quedaron viendo la interrumpida señal digital que ahora nos venden como la panacea en pantalla plana, otros leían el periódico, algún libro, revistas de faranduleo y de alta sociedad mientras que otros sencillamente se miraban las caras.

            Pero La Noche volvió unos quince minutos después. El calor caribeño iba calentando más y más, por lo que un poquito de fresquito no podía venir mal. Repitió el procedimiento: miró por la ventana y entró como en la sala de su casa. Se sentó e interrogó a la señora que estaba cargando su bebé:

—¿Ese bebé es tuyo?

Ella gesticuló que sí.

—Por ese bebé si vas a los cupones te dan doscientos pesos. Con eso puedes hacer una compra grande: arroz, sopas, carnes, de todo. Y si tienes otro te dan más.

            Ella no contestaba. Eso sí, lo miró fijamente a sus claros ojos.

            Ahí entonces sacó de forma muy delicada, como acariciándola, su sinfonía y tocó “Los besos de aquella noche”. El bebé estiró su cuello y buscó de donde venía aquella placentera melodía. La Noche le hizo algunas cucas monas con su mano. Sabía que era su mejor oyente en aquella sala.

            Cuando culminó con su típico “¡Wepa!”, le preguntó a la chica si el bebé cumplía años hoy. Ella le contestó con otra pregunta: “¿Qué cuántos tiene o que cuándo cumple?” Él, haciendo caso omiso a la pregunta, le dijo: “para mí que cumple hoy y por eso le voy a tocar el Cumpleaños feliz”. Y así fue. Cuando acabó la melodía, prosiguió: “puedes comprarle un bizcocho para él y la familia. Te los hacen por veinte pesos en Minillas. Tú pasas el palo de mangó y preguntas por ahí por la señora. Todos la conocen”.

—A mí no me compran ya bizcochos porque yo ya mismo me muero. Ya hablé con Avilés y con Avellanet para que me entierren para’o. Ellos me van a hacer el favor. Necesito que sea así porque si me acuestan no podré tocar la sinfonía.

miércoles, 10 de agosto de 2011

De cuando se “hace lo que hay que hacer”

          En estos días hemos sido testigos de cómo el presidente del Banco Gubernamental de Fomento (BGF), el señor Batlle, y el gobernador de Puerto Rico, el señor Fortuño, se han presentado ante los medios de comunicación como los salvadores de las finanzas de Puerto Rico ante el mercado global. Para colmo, han querido presentarse como gestores ejemplares para el gobierno federal. Dice Batlle, en su escrito de opinión, Haciendo lo que hay que hacer: “Puerto Rico está al frente precisamente porque hicimos a tiempo lo que ahora otros estados y países, e inclusive el gobierno federal, van a tener que hacer”.[1]
Las colonias o territorios no incorporados definitivamente dan lecciones a los imperios; sobre todo cuando se ha tratado de las luchas anticoloniales que se han mantenido constantes por largos años. Pero en este caso, y siguiendo las lógicas de los mercados capitalistas adaptados a la especulación financiera, ¿qué hay de ejemplar en qué degraden la clasificación de las Obligaciones Generales del Gobierno de A3 (abril de 2010) a Baa1 (agosto de 2011)? Si te degradan además los bonos de Obligaciones de Pensiones, de la Autoridad para el Financiamiento de la Infraestructura, la Autoridad del Distritito del Centro de Convenciones, El Banco Gubernamental de Fomento, la Autoridad para el Financiamiento Municipal y la Autoridad de Carreteras, ¿es eso ejemplar?
A fin de cuentas estos jueguitos de letras y números no nos atañen a los ciudadanos de a pie. Estas adaptaciones (inventos), son herramientas para generar ganancias a través del mismo dinero y no de la producción. Es impresionante observar como el gobierno colonial, administrado por los que aspiran a anexarse a la federación, utilicen los recursos transferidos para la activación de la actividad económica, y a la vez le acusen de que eso es un despilfarro.  Además, que a causa de esa intervención el gobierno federal profundizó la crisis de su deuda.
Es aún más sorprendente cuando estas “agencias clasificadoras” utilizan como argumento para degradar los bonos de Puerto Rico la situación de la Administración del Sistema de Retiro (ASR). El gobierno colonial, con la sanción y eventual ejecución de la Ley 7, profundizó en la crisis que venía arrastrando la ASR. Despidiendo cerca de 20.000 empleados públicos e incentivando el retiro temprano de otros, se creó un desbalance de ingresos y pagos que cualquier individuo puede ser capaz de identificar. Las letras y números en realidad me valen, pero está cañón cuando ves que los políticos se presentan como héroes de una economía que sigue profundizando en su crisis múltiple y que de seguro se dirige a un colapso.


[1] El Nuevo Día, 9 de agosto de 2011, pág. 45

miércoles, 20 de julio de 2011

Los siete puntos del ELA; y el primero, otra vez

           En estos días, el viejo debate del ELA ha vuelto a resurgir entre los militantes del PPD y analistas políticos en general. Los famosos siete puntos de García Padilla se han difundido y reafirmado a través de diversos medios de comunicación. El 19 de julio, Hernández Mayoral en un escrito de opinión en El Nuevo Día hizo referencia a los mencionados siete puntos que García Padilla, mediante su discurso ante la asamblea, había convertido en la “posición institucional del partido”. [1] En su afán de profundizar en su inmovilismo y posiciones retrógradas dentro del partido, añadió: “Cada uno [en referencia a los siete puntos] está avalado por la jurisprudencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos y son, por tanto jurídicamente indisputables. Por ser la expresión más reciente de la Asamblea, cualquier resolución anterior se tiene que leer o interpretar en el contexto de ésta o considerarse reemplazada por ella”.[2]

            Estas palabras parecerían ser dadas por cualquiera de las divinidades imaginadas. Hernández Mayoral reclama para sus palabras proféticas la inefabilidad más que papal; aquella que le viene dada por ser descendiente de quien otrora formulara la nueva tesis[3]; en otras palabras, se autoproclama en la posición de establecer nuevos dogmas. Claro está, a través de las palabras de Alejandro es decente y ayuda a la gente. Ahora bien, hoy ante los comentarios de Ramón Luis Nieves[4] y utilizando algunos de sus apuntes en su libro Estado Libre Asociado del siglo XXI[5], quisiera plantear algunas ideas e incertidumbres sobre lo que Hernández Mayoral, a través de su marioneta, asume como la tabla de los siete mandamientos de los populares.

            El primero es el más fácil de todos y en él centraré mi atención para esta entrada. Dice: “El ELA se creó mediante un pacto”. El mismo Muñoz Marín el 17 de febrero de 1954, en su mensaje a la Asamblea Legislativa, afirmó que “el E.L.A. no es un E.L.A.”[6] cuando dijo: “Debemos fiarnos en que el nombre del status de Puerto Rico no es el Estado Libre Asociado: ese es el nombre de la criatura constitucional que hemos creado bajo el status”[7].

            Hernández Mayoral recurre al aval jurídico que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha dado al ELA a partir de diferentes casos desde 1952. Lo que sucede, según la interpretación de Nieves, es que “[l]a normativa constitucional de Estados Unidos obliga a que asuntos de esta naturaleza sean decididos por las ramas políticas del gobierno federal”. Añade que como las instituciones políticas federales se inclinan a mantener la afirmación de que el ELA no cambió las relaciones territoriales, la rama judicial “no se desviará de esa norma (como no lo ha hecho hasta la fecha)”.[8]

            Si algo bueno ve Nieves en las interpretaciones judiciales que se han hecho sobre el ELA es que las mismas han determinado “los linderos de la relación”.[9] Por eso los siete principios del evangelio popular son una mera descripción jurídica del ELA actual —“como está ahora” —; exceptuando, que desde mi interpretación, el pacto no existió, no existe, y en un futuro a corto plazo no existirá.[10] Es por eso que si partimos de la falacia del primer punto, los seis restantes no se sostienen en su totalidad o en gran parte de su planteamiento.

            Para culminar, siempre se puede recurrir a lo básico. La definición de pacto según el Diccionario Léxico Hispano[11] es “concierto o asiento entre dos o más partes || lo estatuido por tal concierto || consentimiento o convenio que se supone hecho con el demonio”. En todo caso, a Puerto Rico sí le fueron trasferidos ciertos poderes mediante la creación de la ley 600, pero no fue mediante un pacto entre dos partes. Todo el proceso constitucional desatado por esta ley no alteró las relaciones fundamentales entre Puerto Rico y Estados Unidos. Por lo tanto, mi interpretación es que no hubo pacto. Y si lo hubo, quisiera que el PPD saque a la luz pública como fueron las negociaciones del mismo y donde están escritas sus bases de igualdad, de delegación de poderes, de los poderes compartidos, cuáles son las cláusulas del comité negociador, de la comisión de resolución de disputas y de lo legal. Un pacto se podría revisar y en mi escrutinio de la constitución del ELA de 1952 no aparece cláusula alguna relacionada con la revisión del pacto. Es como cuando el movimiento anti Internal Revenue Service (IRS) en los Estados Unidos pide que le enseñen la ley que dice que los estadounidenses le tienen que pagar impuestos al gobierno federal en base a los ingresos por trabajo. El IRS —ni ningún miembro de una de las ramas políticas o de lo judicial— no la muestra porque no existe tal ley, aunque por no pagar impuestos al IRS te puedan radicar cargos federales e imponerte una pena de cárcel. Pues así es el PPD. Cuando los puertorriqueños le pedimos que nos enseñe las bases del pacto se niegan. Es muy sencillo. No pueden enseñar lo que no existe.


[1] “La asamblea del PPD”, página 44.
[2] Ibidem.
[3] En 1977, el gobernador Rafael Hernández Colón propone un nuevo giro programático para el “desarrollo del ELA” bajo la premisa de la posibilidad de la ampliación de los poderes autónomos del ELA.
[4] “En entredicho la posición del PPD”, El Nuevo Día, página 22.
[5] Nieves, R.L. (2002). Estado Libre Asociado del siglo XXI. Colombia: Publicaciones Puertorriqueñas.
[6] Ibid., pág. 39.
[7] Ibidem.
[8] Ibid., pág. 56
[9] Ibidem.
[10] El Nuevo Día, 20 de julio de 2011, página 22.
[11] Tomo segundo, W.M. Jackson, Inc., Editores, México, D.F., 1985.