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lunes, 2 de mayo de 2016

Retrato de un colonizado/ Sobre el mensaje del gobernador

Si usted desea entender el daño al inconsciente colectivo que ha causado el colonialismo en Puerto Rico, vea el mensaje del gobernador que aquí le adjunto.
Había "salvado las finanzas"
Por una parte desea contar con las herramientas legales que le permitan actuar para paliar la crisis, pero por otro lado es un defensor a brazo torcido del régimen que permite que precisamente carezcamos de ellas. Añade a esto que habla del supuesto "regreso al régimen colonial" sin decirnos en realidad cuándo es que había culminado. Es la subordinación política lo que le permite al Congreso actuar como desee y, claro, siempre teniendo bien delimitados cuáles son SUS intereses.
Así sigue con la venda puesta. El poder legislativo, judicial y el poder ejecutivo federal de los EE. UU. ya reconocen que Puerto Rico es una colonia. Sin embargo, el gobernador sigue sin reconocer la palabra de sus amos para llamarle esclavo. Y va más allá al admitir que todo está prácticamente en sus manos; sin que nosotros tengamos algo que decir. (Que lo resuelva Paul Ryan, ese funcionario cuyo deber no incluye rendir cuentas a ningún puertorriqueño).
Lo de la crisis política, le quedó muy bueno. Puro teatro. ¿Cómo que evitar una crisis política? La crisis política ya está desde que entraron a puro cañonazo a Puerto Rico en 1898. La crisis política ha sido resultado de la acumulación de abusos, de infamia, de deshonra, de destrucción de nuestra economía, de la educación colonial, de permitir precisamente la conscripción de nuestros mejores hijos para servir a sus intereses en guerras que no han sido las nuestras. La crisis política es que no se obedezca el mandato de los puertorriqueños de trascender la imposición actual de parte de los EE. UU. y el déficit democrático que de por sí es definitorio de una colonia. Ya lo de la sangre derramada, pues ni contarlo. Además de la sangre derramada por todo soldado puertorriqueño sirviendo en las FF. AA. de EE. UU., debe recordar muy bien el gobernador que mucha gente derramó su sangre como resultado de la cultura de asesinato impuesta por gobernadores gatilleros que nos enviaban de la América profunda. No había que ir a servirle a las FF. AA. para derramar sangre. Muchos se quedaron aquí y en los mismos EE. UU. dando la batalla y terminaron como Bolívar Márquez en la calle de Ponce en 1937, como Filiberto en Hormigueros en 2005 o como Oscar que lleva 35 años en prisiones federales.
El servilismo y la súplica le delatan como lo que es: un cipayo, lindoro, alzacolas y olimpo de pisapapel.

domingo, 5 de abril de 2015

De la cuestión nacional: de Grecia a Puerto Rico

“La clave está en construir patria,
la clave es construir pueblo,
la clave es construir
independencia nacional.
Sin eso no hay nada.”
Manuel Monereo Pérez (Izquierda Unida, España)
I.
            El eterno debate sobre el asunto nacional entre las diversas tradiciones del pensamiento y la práctica política resulta que, después de haberse declarado veinte veces muerto, ha resucitado una vez más. Las posibilidades de cambio político, entiéndase las rupturas de los modelos bipartidistas anquilosados en el sur de Europa, cómplices de los patrones que devengaron en las múltiples crisis que se viven por esos lares –y también en estos–, ha abierto las puertas para poner en cuestión el asunto de la soberanía nacional nuevamente. Por años, y para muchos, pareció que este era un tema superado, sobretodo en el contexto europeo, teniendo en cuenta sólo las excepciones de las nacionalidades sin estado. Sin embargo, el pasado 25 de enero, el triunfo de SYRIZA (Coalición de la Izquierda Radical) en las adelantadas elecciones legislativas griegas nos da la posibilidad de examinar ya no sólo la perspectiva teórica, sino más bien cómo se utiliza el instrumento de la soberanía nacional como mecanismo de negociación en eso que llamamos la realpolitik.
            Hace apenas un año en los medios corporativos estadounidenses y sus réplicas en San Juan se resaltaban las similitudes entre los casos de la deuda de Puerto Rico y Grecia. Resulta que sí podríamos establecer ciertos paralelismos basándonos en tres (3) criterios que aquí resalto: el papel de subordinación económica-política tanto en el modelo de la Unión Europea para los países del sur (periferia), como puede ser el caso de Grecia, y la situación de subordinación colonial para nuestro caso, la ilegitimidad de parte de la deuda adquirida de forma irresponsable por gobernantes que presupuesto tras presupuesto recurren al financiamiento externo y finalmente los ajustes o las llamadas políticas de austeridad, que como vimos en las décadas de 1980 y 1990 en América Latina, y como además vemos actualmente en nuestro país y en el sur de Europa, sólo resultan en la profundización de la pobreza, la inequidad distributiva y en la ampliación de las diversas crisis.
II.
            Ahora bien, ¿estos tres paralelismos –aun pareciendo forzados– nos hacen ser como Grecia? ¿Son nuestras crisis iguales? Bien sabemos que no. Son muchos los factores que hacen que nuestras respectivas crisis sean particulares a nuestros contextos, sobre todo cuando nosotros carecemos de las posibilidades que nos da la caja de herramientas de la soberanía nacional.
            He allí el vínculo con lo que expuse inicialmente en este escrito. Y es que el primer ministro griego Alexis Tsipras, aun viniendo de una tradición política que tradicionalmente ha planteado un continuo debate con el asunto nacional, ha sabido utilizar muy bien este como elemento movilizador del pueblo griego frente a las políticas de austeridad que se le imponían desde el Banco Central Europeo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (la llamada troika).
            El pasado 20 de febrero, el ministro de finanzas griego, Yannis Varoufakis ha podido utilizar elementos de esa caja de herramientas que se llama soberanía nacional, sustentada y nutrida por el pueblo en retaguardia (la nación), para poder negociar con el Eurogrupo un aplazamiento del rescate a cuatro meses más. Si mal no recordamos, antes del proceso electoral se especulaba que con SYRIZA, Grecia caería en el abismo económico pues se vería forzada a salir de la zona euro. Pues bien, aún por El Pireo no se han aparecido las temidas bestias apocalípticas. En todo caso, las bestias del miedo han tenido que esconder su cola –“el miedo ha cambiado de bando”–, porque detrás del gobierno se encuentra un pueblo que ha sido llamado a recuperar su dignidad nacional ante el continuo atropello de las potencias centrales europeas y las entidades financieras.
III.
            Y me preguntarán, ¿por qué querer comparar este caso con Puerto Rico? O, ¿por qué traerlo a colación en estos momentos? Puerto Rico, ante las múltiples crisis que se viven y antes las que se irán profundizando como consecuencia del colapso del modelo colonial, necesita de las herramientas de la soberanía que nos provee la independencia. Nuestro país también se enfrenta y tendrá que confrontar el problema de la deuda. Cuando uno debe diez, veinte pesos uno se ve en una posición subordinada frente al otro, pero cuando, como en nuestro caso, la deuda asciende a más de 70.000 millones, la soberanía nos daría las herramientas para poder sentarnos con nuestros acreedores y poder determinar qué y cómo se paga; esto sin tener que someter al pueblo a políticas de austeridad o medidas impositivas regresivas como se pretende en nuestro caso con el IVA. Ese ha sido el ejemplo de SYRIZA en Grecia durante estos primeros meses de gobierno.

            En fin, como jóvenes, entendemos que el Partido Independentista Puertorriqueño, nos brinda esa posibilidad de recuperar la política en el sentido amplio de la palabra. Para decirlo de otra forma, como organización hemos sido depositarios de esa dignidad nacional, para poder no sólo reafirmar una identidad, sino poder utilizarla como herramienta de la política real, esa en la que se batalla si queremos seguir en el embudo hacia la crisis permanente en la que nos ahoga el colonialismo o la superación de dicha condición.

domingo, 1 de enero de 2012

Siguen siendo dos caras de la misma moneda


            Ante el recorte presupuestario y la nueva subida de impuestos que pretende imponer el gobierno dirigido por el popular, Sr. Rajoy, los pesoistas pretenden levantar una vez más la bandera de la diferenciación. “Ven, no somos iguales”, “Ahora viene peor”, “Deja que pasen las autonómicas andaluzas” son algunas de las consignas que se pueden leer en las redes sociales y se escuchan en los debates de los analistas oficiosos de las ondas radiales.

            La consigna de la izquierda que resiste de que el PP y PSOE son iguales aún se sostiene. Ambos partidos se diferencian sólo en las reformas políticas de tipo fiscal y de derechos sociales que el sistema económico-político está dispuesto a sostener como válvulas de escape en ciertos periodos históricos determinados. Lo que sucede con esas reformas políticas que son bandera del “progresismo” del PSOE es que no se sostienen en el tiempo; pasan a ser alimento de la reacción porque no se profundiza en un cambio sistémico que nos lleve a un nuevo modelo económico-político-social. Ambos partidos—uno con su progresismo y otro con su reacción— son el equivalente al mantenimiento de lo mismo: “un paso para ’alante y otro pa’ atrás”.

            La izquierda que resiste no puede conformarse con los lamentos de los pesoistas; de lo que quieren hacer pero no hicieron, de lo bien que gestionarían el capitalismo en la crisis (siguiendo al pie de la letra lo que dictan los gestores y dueños de los mercados del capital financiero en el norte opulento). Está claro que el pesoismo forma parte de un sistema hasta el punto que hizo un llamado a las elecciones para transferirle el poder de forma adelantada a los chicos y chicas buen@s del capital; ya que ellos sólo fueron los que prepararon la zapata para la reforma profunda de la vuelta al neoliberalismo y las nuevas adaptaciones para llevar el sistema económico-político al límite de su existencia.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La CELAC y la unidad de las organizaciones independentistas en Puerto Rico


“Sin embargo parecía
que todo se iba a acabar
con la distancia mortal
que separó nuestras vidas.
Realizaron la labor
de desunir nuestras manos
y a pesar de ser hermanos
nos miramos con temor.”
P. Milanés

            Lo poco que se ha comentado en los medios de comunicación digitales en Puerto Rico, sobre la CELAC y su reunión fundacional, ha estado limitado a la no invitación de una misión observadora y a la exigua discusión sobre el colonialismo estadounidense en la isla.[1] Ante estas dos vertientes sobre las que ha girado el análisis de la noticia, presento este escrito con algunas reflexiones del porqué de los dos hechos mencionados.
            Sobre lo primero, cabe recordar que Puerto Rico no fue invitado a esta reunión fundadora por una razón obvia: porque es una colonia de los Estados Unidos. Eso lo sabemos muchos en el país. Por eso muchos pasaron a preguntarse el por qué entonces no invitaron a una misión observadora de los promotores de la independencia de Puerto Rico. El problema, en ese caso, es que no es difícil imaginarse el curso que hubiera tomado la eterna garata entre diferentes organizaciones independentistas por autodenominarse los “auténticos” representantes del movimiento de liberación nacional y todas las revoluciones que se harían después de la misma.
            En segundo lugar, la única mención que se hizo del “caso de Puerto Rico” fue durante la alocución del Comandante Ortega, presidente de la República de Nicaragua.[2] Muchos y muchas se quejan porque fuera Daniel quien lo mencionara. Desde el punto de vista de algunos en Puerto Rico, él asume posturas retrógradas que no ayudan en nada a la consolidación de una revolución social y política en su país. Estoy de acuerdo con muchas de las críticas a Daniel y al FSLN. Habría que preguntarnos, ¿quién entonces queríamos que lo dijera? De seguro Chávez, Raúl y Pepe también son criticables. Pero, ¿estamos en capacidad de exigir? Y es que además Daniel no habló sobre cómo habría que prohibir el aborto o sobre cómo habría que pactar con la Iglesia para alcanzar la independencia del país. No hace falta que Daniel abogue por ello. Para eso tenemos al gobierno y a las iglesias atentando contra los derechos civiles en nuestro país a diario.
            Entonces, a Daniel no le podemos achacar las culpas sobre nuestra incapacidad de liberarnos y mucho menos sobre querer imponer los lineamientos de la futura revolución socialista en Puerto Rico. Él simplemente habló sobre la necesidad de que Puerto Rico forme parte de la comunidad de estados independientes de América Latina y el Caribe. ¡Nada más! Cada cual con su arrebato sobre si queríamos que viniera el mismo Cristo a la reunión de CELAC a hablar de la independencia del país o no. Claro que no quisiéramos que fuera Pinochet o Hitler quiénes se expresaran a favor de la independencia de Puerto Rico. Pero es que los apoyos de Daniel y del FSLN podrán ser criticados por lo que consideremos sus errores, pero jamás serán de la calaña fascitoide-imperialista (sí queserán retrógradas, conservadores, machistas, que no es que sea poca cosa) de aquéllos, sino que son producto de la constancia de la solidaridad hacia nuestro movimiento.[3] A mí por ejemplo, me hubiese gustado que hubiera sido Raúl (y mucho más Fidel; quien como dijera el chino, era el que debería estar ahí), pero de seguro a muchos le hubiera parecido un apoyo también cuestionable. Pero, ¿si hubiera sido el pinochetista Piñera?
            A mí no me cabe la duda de que, si no todos, casi todos los que estaban allí apoyan la eventual incorporación de Puerto Rico a esta comunidad. Desde diversas interpretaciones quisieran que Puerto Rico formara parte de sus propios ejes, pero no hay que olvidar que estos han sido puestos en segundo plano, al menos momentáneamente, para echar a andar esta reunión. Pero en todo caso, es a nosotros a quiénes nos tocará incorporarnos a los ejes que nos correspondan en aras de proteger nuestra revolución independentista y socialista. Serán muchos los esfuerzos que tendremos que hacer para vencer los obstáculos que vendrán por parte de nuestra propia oligarquía y sectores de la burguesía aliadas del imperialismo. Los problemas en todo caso no vendrán porque Daniel cometa errores en Nicaragua (políticos y personales, que de por cierto son -y repito- de una magna gravedad).
            Ya para culminar, y proponiendo una crítica a diversos movimientos, sobre los dos puntos que propuse al inicio del escrito: la no invitación de una misión observadora y la mínima mención de Puerto Rico cabría cuestionarnos lo siguiente. Primero, ¿habrá que continuar con los esfuerzos que años tras años se realizan para que el Comité de Descolonización de la ONU apruebe la ya famosa resolución que nunca llega a la discusión de la Asamblea General? Algunos también se acordarán del famoso Congreso de 2006 por la Independencia de Puerto Rico en la Ciudad de Panamá. ¿Qué resultados se han reflejado de ese esfuerzo de la reunión de los aliados (y de otros que no lo son) del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en la región? El esfuerzo con aquellos partidos (mayoritariamente los socialdemócratas) no resultó en nada que no fuera más allá del apoyo de los propios partidos. Por ejemplo, de qué sirve el apoyo de la UCR de Argentina (si lo que necesitamos es que Cristina hablara; lo que también, sin duda hubiera sido criticado por algunos). Si queremos que los presidentes hablen (me pregunto si, ¿es lo que queremos?) lo que tenemos que hacer es hablar con los jefes de Estado y de Gobierno de la región.[4]
            La ONU es y debe ser un frente. Los esfuerzos que puedan hacer cada partido o grupo son otro. Pero, ¿acaso no podremos ser capaces, al menos estratégicamente, alguna vez al menos llamar la atención con un esfuerzo propio –que no sea que Chávez, Cristina, Ortega o Piñera digan algo o no–, como lo pudiera ser el III Congreso Pro Independencia, que aglutine a todas las organizaciones e individuos que estaríamos en el esfuerzo de una constituyente de nuestra república? Mientras no seamos capaces de aglutinar y de comprender que de camino a la revolución muchos se quedarán agotados y conformes con la república neocolonial y otros seguiremos hacia algo nuevo, no podremos avanzar en esta dirección. Pero en todo caso, anduvimos juntos hasta un punto. Ese punto ahora debe ser, incluso, imitar la misión de Albizu Campos por toda América Latina, el Caribe y los Estados Unidos recabando apoyos solidarios. Esta misión debe ser producto de una confluencia entre las organizaciones independentistas del país, en la cual nos aprestemos, incluso, a romper el bloqueo que Estados Unidos impondría para que diferentes delegados de otros países lleguen a ese III Congreso.


[1] Es necesario hacer hincapié en que medios alternativos como la estación radial WPAB 550 AM en Ponce, el periódico Claridad y otros han llenado le hueco informativo y de análisis que han dejado los medios corporativos de San Juan.
[2] Ver Ortega: Muy pronto Puerto Rico se incorporará a la CELAC por Tele Sur en http://youtu.be/mdOVZuSUtk4
[3] Para prueba de ello cabe leer esta carta que ese mismo día le escribiera nuestro héroe nacional, Rafael Cancel Miranda. Ver: Gracias, comandante Daniel Ortega en http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=14F6DEBEAF9DA57233321A709DDCEE68
[4] Para lograr esto, en mi opinión, tendríamos que aglutinar una gran cantidad de movimientos sociales, organizaciones político-militares, partidos políticos, individuos… que quieran formar parte del III Congreso Pro Independencia y así tener una representación delegada que obedezca (y no mande); que se encargue de establecer los contactos necesarios para lanzar al Congreso como representante del movimiento de liberación del país ante los jefes de Estado y de Gobierno que conforman la CELAC.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Algunas falacias discursivas de la presidenta de la Cámara de Representantes


            Con la publicación de los datos de una encuesta de El Nuevo Día sobre la evaluación ciudadana del desempeño de la Asamblea Legislativa, vino el mar de reacciones. Una de las más llamativas, también reportada en dicho diario, es la de la presidenta de la Cámara de Representantes, Jenniffer González.[1] Recurriendo a técnicas discursivas cargadas fraude, la representante González, una vez más, pretende concebir una opinión pública llena de engaños.
            Primero, ella parte de un análisis en el que los ciudadanos terminan expresando su “frustración […] con todos los políticos” a causa del factor económico. Esto simplemente es un derroche de simplicidad; propia de quien subestima la capacidad analítica de la ciudadanía. Su explicación es una que busca racionalizar toda la vida política vinculándola al elemento económico. Si bien es cierto que la economía ocupa una parte importante de nuestra vida política, no deja de ser significativo el reconocimiento de otras áreas en el manejo de la misma, como son: los modos de trabajo, la presentación y el debate de ideas (de la ideología) en su carácter sistémico, la comunicación y los canales de los diferentes tipos de representación (autorización, la rendición de cuentas, la descriptiva, la simbólica y la sustantiva).[2] Su esquema, para colmo victimista, la lleva a concluir que ellos —los políticos— son los que pagan las consecuencias “de tener una economía que estaba en picada y que ahora se está levantando poco a poco”. La representante, con su análisis de los datos, no da a entender (y no toma en consideración otras vertientes de análisis) lo que puede haber de implícito en todo esto. La gente no está sólo frustrada con los políticos, sino que también lo está con un sistema que constantemente cae en una “crisis” cíclica para que los dueños del capital se hagan más ricos, mientras los políticos protegen sus intereses con los supuestos ajustes y “medicinas amargas” que termina pagando el resto de los mortales.
            Pero su nauseabunda retahíla de excusas baratas no llega hasta ahí. Prosigue con un ataque frontal a la ciudadanía. No siendo el colmo su retórica carente de contenido, recurre a recriminarle al pueblo por una supuesta ignorancia, su falta de entendimiento y conocimiento. Cito: “y es que esas medidas que se han tomado el pueblo no las entiende”. Prácticamente, ella asume una postura de sabia ante el pueblo “resentido”. Su discurso asume una postura desde el pedestal del conocimiento y su arrogancia implícita. Ella sí las puede entender, pero el pobrecito pueblo es incapaz y por lo tanto, no entiende lo que el conjunto de sabihondos hace en la magna Asamblea Legislativa. Ella cree que el pueblo sólo es capaz de entender el idioma del dinero —“cuando hay dinero, cualquiera gobierna”— e incapaz de entender que el sistema económico-político está es una etapa de adaptación de supervivencia, en la cual los ricos se siguen beneficiando a costa de la alianza interesada de políticos y oligarcas. Como ejemplo de ello podemos reflexionar sobre cómo en la Unión Europea se sigue especulando con el bienestar del pueblo de los países de su propia periferia para entender la crueldad del sistema capitalista y su proceder inhumano.
            Para culminar, la representante sigue creyendo que mediante la fe se cambian las cosas en el proceder de lo económico-político. Cito: “[…] pero yo tengo fe en que van a seguir cambiando y mejorando según se vaya viendo el resultado de las iniciativas que se han levantado”. O sea, que por su fe, todos nos tenemos que sentar a esperar a que las cosas cambien. Aquí se puede observar otra muestra de cómo la religión, con su discurso inmovilista sobre la vida política, promueve la inacción y a vivir de la fe que se tenga. Después pretenden darnos lecciones sobre cómo se separa la religión de los asuntos del Estado y el gobierno. En fin, tenemos que demostrar que las ciudadanas y los ciudadanos somos seres pensantes y que tenemos la capacidad de demostrar cuál es el sentir respecto a los políticos y a la política en general, sin necesidad de que se nos interprete meramente como consumidores o se nos tilde de no entender. ¡Entendemos y actuamos individual y colectivamente, no como consumidores!


[1] Ver: Muñiz García, A.Y., Legislatura carga con la frustración del pueblo, El Nuevo Día, http://goo.gl/G2PT7.
[2] Ver: Pitkin H. (1967) The Concept of Representaron.

miércoles, 20 de julio de 2011

Los siete puntos del ELA; y el primero, otra vez

           En estos días, el viejo debate del ELA ha vuelto a resurgir entre los militantes del PPD y analistas políticos en general. Los famosos siete puntos de García Padilla se han difundido y reafirmado a través de diversos medios de comunicación. El 19 de julio, Hernández Mayoral en un escrito de opinión en El Nuevo Día hizo referencia a los mencionados siete puntos que García Padilla, mediante su discurso ante la asamblea, había convertido en la “posición institucional del partido”. [1] En su afán de profundizar en su inmovilismo y posiciones retrógradas dentro del partido, añadió: “Cada uno [en referencia a los siete puntos] está avalado por la jurisprudencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos y son, por tanto jurídicamente indisputables. Por ser la expresión más reciente de la Asamblea, cualquier resolución anterior se tiene que leer o interpretar en el contexto de ésta o considerarse reemplazada por ella”.[2]

            Estas palabras parecerían ser dadas por cualquiera de las divinidades imaginadas. Hernández Mayoral reclama para sus palabras proféticas la inefabilidad más que papal; aquella que le viene dada por ser descendiente de quien otrora formulara la nueva tesis[3]; en otras palabras, se autoproclama en la posición de establecer nuevos dogmas. Claro está, a través de las palabras de Alejandro es decente y ayuda a la gente. Ahora bien, hoy ante los comentarios de Ramón Luis Nieves[4] y utilizando algunos de sus apuntes en su libro Estado Libre Asociado del siglo XXI[5], quisiera plantear algunas ideas e incertidumbres sobre lo que Hernández Mayoral, a través de su marioneta, asume como la tabla de los siete mandamientos de los populares.

            El primero es el más fácil de todos y en él centraré mi atención para esta entrada. Dice: “El ELA se creó mediante un pacto”. El mismo Muñoz Marín el 17 de febrero de 1954, en su mensaje a la Asamblea Legislativa, afirmó que “el E.L.A. no es un E.L.A.”[6] cuando dijo: “Debemos fiarnos en que el nombre del status de Puerto Rico no es el Estado Libre Asociado: ese es el nombre de la criatura constitucional que hemos creado bajo el status”[7].

            Hernández Mayoral recurre al aval jurídico que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha dado al ELA a partir de diferentes casos desde 1952. Lo que sucede, según la interpretación de Nieves, es que “[l]a normativa constitucional de Estados Unidos obliga a que asuntos de esta naturaleza sean decididos por las ramas políticas del gobierno federal”. Añade que como las instituciones políticas federales se inclinan a mantener la afirmación de que el ELA no cambió las relaciones territoriales, la rama judicial “no se desviará de esa norma (como no lo ha hecho hasta la fecha)”.[8]

            Si algo bueno ve Nieves en las interpretaciones judiciales que se han hecho sobre el ELA es que las mismas han determinado “los linderos de la relación”.[9] Por eso los siete principios del evangelio popular son una mera descripción jurídica del ELA actual —“como está ahora” —; exceptuando, que desde mi interpretación, el pacto no existió, no existe, y en un futuro a corto plazo no existirá.[10] Es por eso que si partimos de la falacia del primer punto, los seis restantes no se sostienen en su totalidad o en gran parte de su planteamiento.

            Para culminar, siempre se puede recurrir a lo básico. La definición de pacto según el Diccionario Léxico Hispano[11] es “concierto o asiento entre dos o más partes || lo estatuido por tal concierto || consentimiento o convenio que se supone hecho con el demonio”. En todo caso, a Puerto Rico sí le fueron trasferidos ciertos poderes mediante la creación de la ley 600, pero no fue mediante un pacto entre dos partes. Todo el proceso constitucional desatado por esta ley no alteró las relaciones fundamentales entre Puerto Rico y Estados Unidos. Por lo tanto, mi interpretación es que no hubo pacto. Y si lo hubo, quisiera que el PPD saque a la luz pública como fueron las negociaciones del mismo y donde están escritas sus bases de igualdad, de delegación de poderes, de los poderes compartidos, cuáles son las cláusulas del comité negociador, de la comisión de resolución de disputas y de lo legal. Un pacto se podría revisar y en mi escrutinio de la constitución del ELA de 1952 no aparece cláusula alguna relacionada con la revisión del pacto. Es como cuando el movimiento anti Internal Revenue Service (IRS) en los Estados Unidos pide que le enseñen la ley que dice que los estadounidenses le tienen que pagar impuestos al gobierno federal en base a los ingresos por trabajo. El IRS —ni ningún miembro de una de las ramas políticas o de lo judicial— no la muestra porque no existe tal ley, aunque por no pagar impuestos al IRS te puedan radicar cargos federales e imponerte una pena de cárcel. Pues así es el PPD. Cuando los puertorriqueños le pedimos que nos enseñe las bases del pacto se niegan. Es muy sencillo. No pueden enseñar lo que no existe.


[1] “La asamblea del PPD”, página 44.
[2] Ibidem.
[3] En 1977, el gobernador Rafael Hernández Colón propone un nuevo giro programático para el “desarrollo del ELA” bajo la premisa de la posibilidad de la ampliación de los poderes autónomos del ELA.
[4] “En entredicho la posición del PPD”, El Nuevo Día, página 22.
[5] Nieves, R.L. (2002). Estado Libre Asociado del siglo XXI. Colombia: Publicaciones Puertorriqueñas.
[6] Ibid., pág. 39.
[7] Ibidem.
[8] Ibid., pág. 56
[9] Ibidem.
[10] El Nuevo Día, 20 de julio de 2011, página 22.
[11] Tomo segundo, W.M. Jackson, Inc., Editores, México, D.F., 1985.

martes, 19 de julio de 2011

Sobre las superficialidades de García Padilla

Nota del autor
            Esta reflexión se basa, principalmente, en la entrevista que el periodista Israel Rodríguez Sánchez le realizara a Alejandro García Padilla en el contexto de la Convención del Partido Popular Democrático (PPD) de 2011. Dicha entrevista se publicó el 18 de julio de 2011 en El Nuevo Día, en la página seis.

            Buscando algunas pistas sobre lo sucedido en la Convención del PPD durante el fin de semana, me presto a leer las contestaciones que hiciera García Padilla a las preguntas planteadas en la mencionada entrevista. Mientras me desayunaba una rica avena Quaker con un café, la primera contestación ya me provocó un gran suspiro. Ante la pregunta sobre el saldo de la asamblea, García Padilla recurre a las cifras sin sentido. Siguiendo el modelo del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la Unión Europea y del gobierno federal de los Estados Unidos de América, entre otros, García Padilla decidió basar su respuesta en los números. El éxito de la asamblea para él se basó en la cifra de carros (10.461), guaguas escolares (60) y guaguas van (40) que fluyeron en el lugar donde se celebró la convención. Es como cuando las instituciones antes mencionadas nos hablan de grandes cifras de dólares y euros —que ante los oídos del resto de los mortales no hacen ningún sentido— para justificar los “rescates” a bancos y entidades privadas que han especulado con el dinero público. Por añadidura, García Padilla muestra su poca consciencia ecológica cuando habla de los 10.461 carros como parte del positivo saldo de la convención. El carro, como objeto de consumo e individualismo ha pasado a convertirse en una cifra más importante que el número de las personas e individuos comprometidos con su partido que asistieron a dicha convención.

            En cambio, cuando el periodista alude a la desorganización de la elección a la Junta de Gobierno del partido, García Padilla entonces recurrió a la “tanta gente” que participó. Es en esta pregunta cuando el senador del augusto palacio parlamentario de Puerta de Tierra —con columnas de mármol hueco— pudo hacer referencia a la gran cifra de los carros. Hubiera sido de igual forma una evasión a la pregunta, pero hubiera sido más adecuado atar la desorganización al gran flujo de carros, guaguas y vanes. Pero no, para referirse a la desorganización entonces recurre a achacársela a las personas que asistieron. Además, recurre a un triste sin sentido para contestar la pregunta sobre la desorganización. Dice: “fue extraordinario”.

            La cuarta contestación es una que hay que tomar con pinzas. Es través de contestaciones como estas que los ciudadanos nos podemos dar cuenta de quiénes son los que están detrás de la candidatura de García Padilla a la gobernación del ELA. Son las viejas elites del partido, lideradas por la familia del ex gobernador Hernández Colón, y las corrientes que piensan que el ELA es un pacto bilateral. Es el inmovilismo claro y raso: “El ELA es uno, con sus posibilidades de crecimiento, con sus logros ya adquiridos y con los logros por alcanzar”. También es la creación y sustento del mito. Si bien es cierto que en el Puerto Rico pre ELA era evidente la pobreza, no hay que olvidar los 54 años que Puerto Rico estuvo sometido al dominio del poder colonial directo y desenmascarado. Aun así, Puerto Rico no era el “país más pobre del hemisferio”; ni se ha transformado en “uno de las más ricos en tiempo récord”. No estaría demás en un futuro preguntarle a García Padilla, ¿qué es para él un país rico? (Todos debemos preguntarnos, ¿qué tipo de riqueza queremos?) No dudo que nos conteste una retahíla de cifras entre las que incluya la cantidad de carros por número de habitantes.

            Sobre el tema del colonialismo, García Padilla hace referencia a dos instituciones sin contextualizar la historia que hay detrás de ellas. Habla sobre el Tribunal Supremo de Estados Unidos y de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Por un lado, el Tribunal Supremo de Estados Unidos sí reconoció que Puerto Rico es de Estados Unidos, pero no forma parte de.[1] Y por otro lado, si bien es cierto que la Asamblea General de la ONU sacó a Puerto Rico de los territorios coloniales y administrados fiduciariamente[2], no deja de ser cierto que desde 1973[3], tanto el Comité de Descolonización, como los poderes ejecutivo (a través de los informes interagenciales) y legislativo (a través de diversos debates en el Congreso) de la jurisdicción federal estadounidenses —desde finales de la década de 1980— han puesto en duda la superación de la cuestión colonial (en el vocabulario constitucional estadounidense “territorial”).

            García Padilla habla de un solo PPD. Quiere proyectar el partido como lo fue el Partido de la Unión de Puerto Rico; como una gran casa donde caben todos (casi al estilo corporativista). En el PPD hay muchas corrientes, al igual que las hay en el movimiento anexionista y en el independentista. Por lo tanto, ¿qué hay de malo en admitirlo? ¿Cómo es posible que se presente como una figura apegada al realismo político cuando vive del idealismo de la superación colonial y de la unidad entre los populares? Tanto el gobierno federal, como instituciones internacionales y diversas corrientes de su partido admiten que Puerto Rico aún está sujeto a condiciones político-económicas de carácter colonial. Que en el asunto no se nos debe ir la vida, es cierto. Pero si queremos empezar por hacer política realista lo más indicado será por aceptar unos hechos como dados y superar estos viejos debates y estrategias.

            Y es que hablando en términos generales sobre cosas que son deseables por todos: como la creación de empleo, mejor educación, salud y condiciones de vida, no se propone nada. Ya quisiera encontrar un puertorriqueño que deseara lo contrario. Hay que hablar de macro y micro estructuras y de cómo podemos cambiarlas para nuestro beneficio colectivo y que en cambio —como sucede ahora— éstas no determinen nuestros planes de acción.

            Para culminar, y siguiendo el ejemplo de García Padilla haciendo referencia a sus lecturas de cartas de Luis Muñoz Marín, hago las siguientes citas de prominentes miembros-fundadores del PPD. La primera, del mismo Muñoz Marín:

Congressman, I have had a great friendship for Mr. Crawford and I have a great respect for his memory, but I would not agree with him in that. If he was right, then Puerto Rico is still a colony of the United States. If it is still a colony of the United States it should stop being a colony as soon as possible for the honor of the United States and for the sense of self-respect of the people of Puerto Rico. (1963)

            Esta otra de Antonio Fernós Isern:

Llegado [al Estado Libre Asociado] no hemos encontrado una cómoda y acaba mansión en que albergarnos; sino, todavía los cimientos, sólo los cimientos, las paredes externas y la techumbre de un edificio a medio construir, en que nos hemos acomodado en tanto completamos la estructura para que adquiera ésta su definitivo empaque. (1973)

            Y también ésta de Trías Monje:

Tal política de no-hacer-nada conducirá a una creciente exacerbación del virulento debate sobre el status en Puerto Rico, una retracción del centro, y una posible polarización y violencia. La continuación de la actual política significaría que más de quinientos años de sometimiento y desesperación no se consideran suficientes, que debe hacerse más penitencia para que Puerto Rico limpie cualquier cuenta de pecados por su presente desdicha. (1997)


[1] Desde 1901, en el caso Downes v. Bidwell (182 U.S. 244 [1901]), el Tribunal Supremo de Estados Unidos confirmó la condición de Puerto Rico como colonia de los Estados Unidos. Las posteriores actas de gobierno civil, dadas en el Congreso a los ciudadanos puertorriqueños (ley Jones y ley 600), no cambiaron esta jurisprudencia.
[2] El 27 de noviembre de 1953, EE UU recurrió a la estrategia de la picaresca para sacar a Puerto Rico de la lista de territorios coloniales. Primero, logró que con una mayoría simple (gracias a la gestión del mecanismo de abstenciones), Puerto Rico fuera eliminado de dicha lista. Después de esto se determinó una lista de factores que determinarían cuándo una colonia dejaba de serlo. El caso de Puerto Rico acababa de ser decidido y no pudo ser analizado a la luz de dicha lista. (Trías Monge, 2000, pág. 173).
[3] En este año, Cuba presentó una solicitud para que se incluyera el caso de Puerto Rico en la agenda del Comité de Descolonización, sobre la base de que el derecho de Puerto Rico al gobierno propio no se había reconocido todavía, y no se habían cumplido las condiciones de la resolución 1514 (XV).