lunes, 31 de enero de 2011

¡Los disparates de Figueroa Sancha sobre la violencia homicida en Puerto Rico!

Reproduzco aquí abajo los últimos párrafos de unos comentarios que hiciera Figueroa Sancha hoy en NotiUno sobre la generalización de la violencia homicida en Puerto Rico. Más abajo reproduzco mi reacción.
Reacciona Figueroa Sancha
En medio de esta oleada de crimen, el superintendente de la Policía, José Figueroa Sancha, afirmó, en entrevista radial (NotiUno), que “hay una guerra entre familiares, entre nosotros mismos, donde los valores no valen nada”.
Dijo que todos los residentes de la Isla deben poner de su parte para acabar esta oleada criminal y no dejar todo el peso en la Uniformada. De paso, afirmó que los uniformados sí están haciendo su labor.
Figueroa Sancha detalló, además, que “el 50% de (los asesinatos) no tiene nada que ver con la incidencia criminal, tiene que ver con la falta de valores, la falta de tolerancia”.
Recordó que cinco mujeres murieron en casos de violencia doméstica, otras seis personas murieron a causa del incendiario de Florida, Justino Sánchez Díaz, y que un hombre resultó baleado por reclamar que le chocaron.
Estos últimos cuatro párrafos de la nota publicada (http://goo.gl/6Ao2l/ “Sin freno los asesinatos”) esta tarde en la versión digital de El Nuevo Día, provocan en mí cuatro puntos de reacción:

1.     No sé qué perciba el Sr. Figueroa Sancha por eso que él llama “valores”. Los “valores” pueden ser de diverso carácter: religiosos, cívicos, éticos, hasta de oro si queremos. Mi percepción es que él está haciendo referencia a los valores religiosos al hacer alusión a la guerra que hay entre las familias y nosotros mismos. He ahí donde hay un problema. Esto no lo resuelven los valores religiosos. Tenemos que dejar ya de pretender que la deidad particular de cada uno baje de su estrado y dé solución a nuestros fenómenos de carácter social (a los del reino de este mundo, como diría Carpentier). Lo que sí percibo es que hay una falta de valores cívicos que como bien decía el maestro Saramago (en Democracia y universidad) deben ser inculcados a través de sistemas de instrucción. Concuerdo con él, cuando planteó que el Estado no debe proveer educación, sino instrucción. Y es allí, en esa instrucción donde se pueden hablar de los valores o mejor dicho de la virtud cívica. Es necesario para esto resolver un problema de base que es la actualización de los currículos escolares en el sistema público y privado del país. Debe ser necesario incluir una asignatura en la que se demuestre la vigencia de la virtud ciudadana entre los individuos que componen nuestra sociedad. Uno de los principales objetivos de esta asignatura sería demostrar precisamente lo contrario a lo que Figueroa Sancha identifica como el problema. Las disputas familiares, entre vecinos, amigos y con nosotros mismos siempre existirán. Por tanto, esta asignatura debe contar entre sus objetivos el fomento del debate sobre diferentes problemas que afectan el país y las diversas alternativas que tienen los jóvenes para lidiar con los problemas de carácter familiar y personal. Figueroa Sancha una vez más intenta simplificar una problemática atribuyéndola a la carencia de valores (recalco no sabemos de qué tipo, pero intuyo por el carácter cuasi-teocrático de nuestro estado, a que se refiere a los valores religiosos). En fin, para abundar en su simplificación, no toma en consideración otros factores que tienen que ver con la violencia generalizada u otros que podrían tener que ver. Por ejemplo, la deserción escolar, el círculo vicioso de la pobreza y las prioridades que se fomentan para “salir” de ella[1], la falta de oportunidades generada por el establecimiento de un sistema económico de carácter capitalista neo-liberal, el fracaso de las autoridades locales y federales en el control del tráfico de armas y drogas (el colonialismo va implícito aquí). Sé que las familias tienen que ver mucho en esto también y que los valores religiosos pueden ser parte de la educación que la familia provea como herramientas (en la esfera de lo privado), pero el Estado tiene proveer instrucción sobre el civismo. Y es allí donde Figueroa Sancha no dice ni esta boca es mía.
2.    Sí, estoy de acuerdo en que todos los residentes de la isla deben tomar partido en contra de la violencia homicida que rampa en nuestro archipiélago, pero el Estado no se debe olvidar de proveer las herramientas para que la gente pueda implicarse y contrarrestar el poder del negocio del narcotráfico y las armas. Incluso si las hubiera y si las que hay fueran efectivas, de nada sirve que el pueblo en un sentido generalizado, se implique en programas de acción preventiva, si el Estado no acaba de una vez y por todas a restringir la posesión de armas, a regular el tráfico y posesión de drogas (quitándole así el monopolio a los narcos; ver por ejemplo esta columna de opinión de Mario Vargas Llosa). De nada sirve que la legislación federal termine sobrepasando nuestra propia voluntad para regular/restringir la posesión de armas. De nada sirve que se sigan metiendo presos a los chamaquitos y chamaquitas por tener un pitillo de marihuana y de nada sirve que no se reconozca el problema de salud que tienen los adictos a las drogas duras y que se les termine juzgando social y judicialmente. De nada sirve si seguimos fomentando la violencia entre los niños (miren esta foto con la que me topé hoy, de un niño en el estado de Nevada o políticas como la Sra. Sarah Palin que siguen -hoy también- abogando por los “derechos” a la posesión de armas -porque así lo estipularon los padres fundadores (hace más de 200 años) o porque el amor por la caza y la pesca son valores de su nación- ante sus conciudadanos que reclaman como mínimo mayor regulación) como si fuera un juego fácil en el que recobras “vidas”. Respecto a su opinión sobre que la Policía está haciendo su labor, deja mucho que decir el señor Figueroa Sancha al no reconocer ni si quiera los problemas que tiene la principal fuerza de seguridad del país. Uno de ellos ya la marca desde el origen y es su concepción como una fuerza de carácter cuasi-militar con el fin de reprimir y no el de velar por nuestra seguridad. Este problema ha perdurado debido a la pobre preparación que se le brinda a los miembros del cuerpo y porque su misión y objetivos no se han revaluado con el tiempo. Obviamente, sabemos que no toda la policía ahora mismo está concentrada en los campus de la UPR, pero si hay una significativa cantidad de policía --a juzgar por los visuales--, que podrían estar prestando vigilancia preventiva o destacados en las zonas portuarias (marítimas y aéreas) deteniendo la entrada de armas.
3.    En el tercer párrafo Figueroa Sancha vuelve a insistir en el error de su primera reacción. Antes de todo, tenemos que analizar la estadística que nos brinda. ¿Cómo es que el 50% no tienen que ver con la incidencia criminal? ¿Y qué hacemos con el otro 50%? ¿Inventarnos una nueva categoría de “no-crímenes”? ¡Simplemente un disparate, Sr. Figueroa Sancha! Y bueno, sobre los valores cívicos como la tolerancia repito lo mismo. Se debe fomentar en la educación de la casa y en la instrucción escolar en todos los niveles. Esta instrucción debe ser de tal calidad que debe complementar la educación de la casa y suplir aquella de la que carecen algunos entornos familiares.
4.     Sobre el “incendiario” y sobre el hombre que balearon por que reclamó que le chocaron el carro no tengo nada que repetir. Además, ¿qué pretende mencionando estos casos en particular? ¿Acaso pretende decir que este tipo de masacres –como la del “incendiario”– inflan la cifra? O, ¿acaso, como mencioné en la sección anterior, pretende hacernos creer que esto es un “no-crimen” y no cuenta por tanto? Para eso están los valores cívicos que deben ser complementados en una asignatura tipo Educación para la ciudadanía[2]. Lo que más me aterra de su último punto es que menciona la muerte de cinco mujeres a causa de la violencia machista, pero ni le pasa por su mente la inacción de partes de las autoridades gubernamentales como el Departamento de la Familia, de “Educación”, de Salud, la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, o de alguna senadora o representante ante las barbaridades expuestas por los boxeadores Mayorga y Cotto (que tan acertadamente comentara Mayra Montero ayer, aquí; y para que vean las expresiones originales y el trato de la prensa, pueden ver aquí) ¿Cómo pretende que no sigan los casos de violencia machista si por ejemplo, hoy la Rep. Albita Rivera dice que no tiene opinión sobre los propasados policías que arrestaron a dos chicas en las manifestaciones estudiantiles? Todo el mundo lo ve, pero ella ciega y muda. Así nos va: 109 asesinatos en un mes…


[1] Con esta alusión no me suscribo a los típicos comentarios clasistas, racistas y que sólo profundizan la desigualdad que manifiestan “la indignación” de ver que los del caserío tienen antenas de tv, Play Station, carros, aires acondicionados… Ese tipo de comentario sólo fomenta la división entre dos países, entre dos clases de ciudadanos: entre aquellos para los que el Play Station es un lujo y entre aquellos que puede ser una necesidad para que los niños estén en la casa y no bajen al punto. Con “prioridades” me refiero a cuáles son las prioridades como sociedad y como país. Para abundar sobre el tema, es recomendada la siguiente lectura: "Tarifas, vagos, indignaciones y otras vergüenzas de la cotidianidad" en http://rimabrusi.com/?p=1461
[2] Educación para la Ciudadania y los Derechos Humanos (EpC) es el nombre de una asignatura diseñada para el último ciclo de la Educación Primaria y toda la Educación Secundaria en España por el Parlamento Español de acuerdo con la Ley Orgánica de Educación. Consiste en la enseñanza de los valores democráticos y constitucionales.

viernes, 14 de enero de 2011

Frágiles


Gato apachurrado, Calle de Alfonso Reyes, La Condesa, México, 14 de enero de 2011

Un gato es un gato… Pero de todos modos ese era distinto; casi me saludo. En realidad, no estoy tan seguro de que haya sido eso. Más que todo es un consuelo. Es más probable que pudo haber sido una despedida –con intención suicida– o un grito de susto. El hecho es que cuando iba caminando a mi habitación, este gato se cruzo en mi camino. Cuando sentí el maullido, me di cuenta de que caminaba en mi dirección. Fue en ese instante que lo vi correr hacia la calle y mis ojos capturaron el instante en el que estuvo debajo de una de las ruedas de una camioneta. Momentos después vi como el cuerpo del gato empezaba a contonearse como si una descarga eléctrica de alto voltaje estuviera haciendo mella en él. Fue un momento doloroso; de esos en los que eres capaz de percibir la fragilidad de la vida. Desee tener una pistola y pegarle un tiro para que cesara ya ese dolor. Le dije a Alejandro que teníamos que matarlo.
A lo mejor el gato sólo sintió el dolor por unos instantes, pero yo recordaré esas imágenes hasta que sea viejo, si no es que me apachurran igual. Creo que me quedaré no sólo con la imagen, sino hasta con el sentimiento de culpa. Con toda seguridad decidió cruzar al verme caminar por la calle a aquellas horas. Al ver a un ser humano a esas horas de la madrugada, al gato sólo le quedaba desconfiar.

jueves, 2 de diciembre de 2010

...que no será publicado

            Era como si el mismo sueño –o en todo caso, la realidad– se estuviera encargando de que Carmen no pudiera encontrar aquellos papeles. En ellos, hace dos meses había redactado la experiencia de esos años (o sueños) en los que podía elevar su cuerpo. Para aclarar las cosas, mejor utilicemos el verbo volar. Aunque si mal no entendí, en realidad la mayor parte de las veces no lo hacía por voluntad propia. Muchas veces se quedaba pegada al techo de su casa. Otras, cuando ocurría al aire libre, tomaba demasiada altura. No sabía cómo regresar al suelo. ¡Era una angustia tremenda!

No recuerda exactamente qué edad tenía. A lo mejor unos doce o trece años. Sentía como su cuerpo experimentaba una sensación de liviandad, ligereza, falta de gravedad… Siempre ocurría cuando no había nadie alrededor. A veces, se aguantaba a un objeto pesado, intentando no tomar mucha altura; una mesa o puerta. ¡Todo con tal de que su cuerpo no se elevara!

A eso de las tres de la tarde de hoy recibí su llamada. No encontraba los papeles que utilizó en verano para describir con detalle todo lo que le sucedía. Buscó en un portafolios, en estanterías llenas de papeles y periódicos viejos, en cuadernos de notas… Buscó en archivos viejos que tenía en un su ordenador aun estando segura de que lo había escrito en papeles. Estaba desesperada: “otro relato, sueño o realidad que no será publicado”.

martes, 16 de noviembre de 2010

Restaurante "La casa del pueblo"


Rodolfo Jiménez, Avda. Tamaulipas, La Condesa, México DF, 14 de noviembre. Cuando me fui del Uruguay en 1973, viví un año en Madrid y tres años en Barcelona. Al fin de cuentas llegué a México en 1977. No fue hasta el 1986 cuando conocí al fracasado de Emilio Gutiérrez. ¿Todavía dice que es una de las reencarnaciones de Kafka? Lo conocí porque para ese tiempo yo también escribía. Íbamos juntos al taller de narración que impartía José Luis en la Facultad de Filosofía y Letras. Fue un gran compañero; íbamos a los cafés y a beber cervezas y mezcal. Ah, y por supuesto a las peleas de box. En realidad las detestaba, sólo iba por estar con él. Emilio me gustaba mucho. ¿Cómo es posible que un arbitro no detenga la pelea cuando el que está ganando dice que no le quiere hacer más daño al contrincante? Para colmo el que está recibiendo la paliza dice que por su mexicanidad tiene que pelear hasta lo último.  

El hecho es que terminamos rentando una habitación juntos. Me acuerdo con la cara que nos miró María Luisa cuando le dijimos que rentaríamos la habitación para los dos. Pero todo fue mal. Como escritores éramos una mierda. Yo, por suerte me di cuenta a tiempo; Emilio, no. Esa mañana me fui sin despedirme. Lo dejé todo; mis libros (comprados y robados), mis cuadernos de apuntes, mi colección de plumas. No sé qué habrá hecho Emilio con las que fueron mis cosas. Simplemente no nos buscamos más.

Con el dinero que había ahorrado con los artículos para La Jornada y limpiando casas decidí abrir un pequeño local de comida asiática, con especialidad tailandesa. Ven, que te enseño. Ése de allí era mi local. Como ves, eso también lo dejé. ¿A qué mejor lugar regresar, que a mis raíces? Ahora tengo este restaurante de comida uruguaya con recetas de mi abuela. Uno de los platos está nominado al mejor de los restaurantes del barrio. ¿Está buena la comida? ¿Te ha atendido bien el mesero? Ésta es tu casa. Mira, en Uruguay tenemos los mejores vinos artesanales. Te voy a mostrar uno que lleva varios premios. Es que tenemos unas variaciones del tiempo estupendas; perfectas para los viñedos. Y la tierra se encarga de dar los mejores nutrientes para la uva y para los pastizales dedicados al ganado. ¡Tres millones de habitantes y tenemos de todo en abundancia! ¿Buenos Aires? Buenos Aires, es la capital sudamericana.

Volviendo a Emilio… Pudo haber sido mi socio, pero prefirió seguir siendo una de las reencarnaciones de Kafka. Pasa por aquí de vez en cuando y le sirvo su buen almuerzo. Siempre carga su vieja y desgastada mochila Jansport. ¿Cargará  alguna de mis plumas de colección?

domingo, 14 de noviembre de 2010

Todavía queda una flor en el balcón

Emilio Gutiérrez, en la explanada entre la Biblioteca Central y Rectoría, UNAM, Mexico DF, 8 de noviembre de 2010. Soy un escritor fracasado. Esa fue su respuesta cuando Pedro Villareal le preguntó si era maestro de la UNAM. Soy una de las reencarnaciones de Kafka; lo único que a mí me gusta el box. Me encantan las peleas que enfrentan a Puerto Rico y México. ¿Todavía está vivo el Macho Camacho? Pinche cabrón de Macho Camacho. No sé cómo no ha pasado un huracán –sí, porque hasta en eso son benditos (¿Por qué es no pasan huracanes por Puerto Rico?)— bien fuerte y ha rajado la isla en dos, viviendo ese hijo de puta y su pinche hijo (que ahora le imita) allí. Soy un liberal como Vargas Llosa. Mezclo el café, la cerveza y el mezcal oaxaqueño. Siempre bebo solo.

Voy al café, pido uno bien cargado y escribo un rato hasta que, prácticamente las meseras empiezan a suspirar –lo que equivale a senda patada en el culo—, y de allí salgo directo a La Botica. Allí escucho música y entre cerveza y cerveza me pido un mezcal. Escucho la música que ponen los niños y niñas fresas. Me quedo parado en la barra y nunca suelto mi desastrosa mochila. A ver, préstame ese libro. ¿Dónde lo compraste? Es una edición española muy bien hecha. Yo traigo éstos, mira. Uno nunca sabe  quién se puede aparecer por la noche en algún bar para firmarte un libro. Te lo digo, México será el estado 52 y Puerto Rico el 53. ¿Qué cuál es el 51? No lo sé.


Guadalupe Milagrito de la Virgen Santiago Cruces de Zaragoza, Coyoacán, México DF, 11 de noviembre de 2012. ¡Qué tierno ese perrito metido en la mochila! Ojalá pudiera tener uno igual. Tengo que vender muchos tazos –sí, esos que la Frito Lay con su empeño socializador nos incitaba a apostar en la hora del recreo--. Ahora me toca cambiar de vagón. A ver si tengo más suerte en el próximo. Igual es que mi voz todavía necesita más entrenamiento para llegar a ser como la de uno de los mejores vendedores del metro (de la línea 9): mi papá. Él fue quien introdujo el estribillo: “para un bonito detalle para su niño o niña, para una muestra de afecto”. Mis tazos de colección son eso: para una muestra de cariño para su niño o niña. Para mí, sólo significan dos pesos cada uno (cinco, incluyendo la plastificación, por diez pesos). Miré el perrito, guardé mis tazos en mi cartera. ¿Con un gesto de señora mayor? Ese señor que ves ahora, allí en el otro vagón, sí que es mayor. Mírale sus tristes ojos. Acaba de sacar una pluma Bic de punto medio y de tinta negra en gel, para registrar las notas de mi voz infantil.

¿Qué cuál es mi historia? Ya se sabe. ¿Para qué contarla otra vez?


El negacionista Ramírez, Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco, México DF, 13 de noviembre de 2010. Cuando lo vi allí sentado, haciendo fotografías y tomando apuntes en un cuaderno Scribe color verde, sabía que se había creído el cuento de la masacre. ¿Qué hace con esa flor? ¡Puros cuentos! Cuando se levantó lo llamé y le di una lección de historia; pero de historia de verdad, de la de los verdaderos testigos. Estoy un poco sordo, lo sé. Mira yo estuve aquí esa noche. Andaba con unos amigos chupando en alguna cantina de por allá. Cuando sentimos los disparos, vinimos corriendo. Ya habían unos cuantos muertos, pero el ejército aún no estaba en la plaza. El ejército vino mucho después cuando ya los civiles habían disparado desde los edificios de alrededor. ¿En qué edificio quedaron muestras de disparos? ¡Aquí no se puso a nadie en un paredón! Aquí vienen todos los años a recordar a gente que ni tan siquiera murió en esta plaza. Una señora vino hace poco a ver el nombre de un familiar suyo que no murió aquí. ¿Y el resto? Son los pinches cabrones diputados de hoy.

Muchachos del CNH.
Bueno, a la verdad que cuando se desplegaron las unidades del ejército, vinieron desde aquella dirección, desde el eje; y lanzaron unas cuantas granadas. Ya yo me había ido. Esta es la historia presencial… 

lunes, 8 de noviembre de 2010

Bandera, bandera, bandera

Recuerdo que en mi colegio las monjas josefinas todos los lunes nos hacían formar en filas cuasi militares en el patio a jurar las dos banderas, cantar sus himnos y por último cantar el alegre himno dedicado a las aulas carcelarias instauradas en 1930 en las lomas de San Germán. “Yo lo llevo grabado en mi pecho”, y nos dábamos un puño en el corazón, a lo cual recibíamos el primer regaño del lunes. Esto vino a mi recuerdo ante la controversia suscitada por el representante novoprogresista, David Bonilla y su defensa de la bandera estadounidense, muchas veces denominada en nuestro archipiélago como “la pecosa”.
¿Por qué “pecosa”? Sencillo, porque sus 50 estrellas en el rectángulo parecen pequeñas pecas en comparación con la única estrella sobre el triángulo de nuestra bandera (que a algún americano se le podría ocurrir decir que es la bandera con un barrito). O sea, que denominar “pecosa” a la bandera estadounidense en el lenguaje popular puertorriqueño hace alusión a que es una bandera multiestrellada. Esto por más que se quiera buscar las cinco patas al gato no representa ofensa alguna al símbolo tejido en tela. ¿Acaso es malo ser pecoso en un país como Puerto Rico? Podría ser. Yendo al grano, su cólera sólo refleja su falta de comprensión y de análisis de nuestro lenguaje popular. Su lanzamiento al estrellato legislativo defendiendo de tan grave ofensa a la bandera estadounidense fue completamente desafortunado. Además, puede interpretarse como parte del retrato del colonizado queriendo asumir una defensa que ni los mismos estadounidenses se molestarían en asumir[1] ante tal epíteto o caracterización; y también representa desconocimiento incluso de la cultura popular estadounidense donde se le conoce como “la bandera de las franjas y las estrellas”. Para nosotros podría ser la bandera de las franjas y las pecas.


Su falta de comprensión de los fenómenos del lenguaje popular puertorriqueño es un síntoma de su ser y pensar colonizado. Ojalá llegue el día en que un anexionista pueda en vez de tener que recordarle a sus compañeros que un familiar suyo ha muerto en un conflicto armado (que lamentablemente ya son  demasiados los puertorriqueños muertos de esa forma, víctimas de un sistema colonial y militarista) en el que los Estados Unidos participa, tenga la misma valentía de exigir un retorno de todos los soldados, tenga la valentía de exigir el cese de los conflictos en el que participa su tan querida nación de forma ilegal y tenga el coraje de enfrentarse al Congreso de los Estados Unidos alzando la voz y tirando papeles para exigir la descolonización de nuestras islas.

Espero también que un día los anexionistas y autonomistas de nuestro país, en vez de estar denominando "días de muñecas" o "días del buen trato", redacten y aprueben una tan necesaria Ley de Memoria Histórica. Más que pedir disculpas a nombre de ese cuerpo, por ejemplo, por haber aprobado leyes como la Ley de la Mordaza (#53 de 1948), se necesita reconocer y dignificar a aquellos y aquellas que lucharon por mantener nuestra insignia nacional ante el atropello cometido por ese cuerpo cuando se llegó a criminalizar hasta la mera posesión y exhibición de nuestra bandera.

Las banderas en fin son símbolos, normalmente bordados en tela y cada cual debe tener la libertad de defender su interpretación de ese símbolo. Comprendo que el representante anexionista quiera mucho a su bandera “pecosa” y que la defienda ante lo que él interpretó como una grave ofensa. Desde mi perspectiva las banderas también deben respetarse, ya que son el símbolo que representa tanto luchas victoriosas como derrotas colectivas y la identidad. La bandera estadounidense no debe ser la excepción. Ellos también aprecian su bandera como enseña de identidad ante los otros. Lo que sucede es que esta bandera muchas veces no es ni será respetada en otras partes del mundo por lo que ha representado en ocasiones para otros: invasiones, muertes, discrimen, desigualdad, entre otras barbaridades como tortura, violaciones, desprecio hacia lo distinto.... En Puerto Rico, la bandera estadounidense representa colonialismo en todas sus vertientes desde el político, económico, hasta el psicológico. El representante, si quisiera sinceramente a la bandera –y su férrea defensa no fuera un síntoma de un ser colonizado-, reflexionaría sobre la presencia de esa bandera en el cuerpo legislativo y lo que allí simboliza. Se daría cuenta que es una mayor ofensa a los principios que ella representa su mera presencia que la simple alusión del lenguaje popular denominándola “pecosa”.

P.D.:
Yo creo que pocos puertorriqueños pueden decir que no hayan tenido o tengan actualmente un miembro de su familia, ya sea cercana o de la familia extendida, sirviendo en las Fuerzas Armadas de ese país. Mi abuelo, por ejemplo sirvió en el Ejército en la Guerra de Corea (como un jíbaro Borinqueneer más) y, la bandera de los Estados Unidos (esa “pecosa”) le fue entregada a mis familiares cuando falleció en el año 2006. Pero ante este fenómeno presente en las familias puertorriqueñas, sólo nos queda reflexionar en qué formas la situación colonial que sufre Puerto Rico lleva a nuestros familiares a participar en esas Fuerzas Armadas. El militarismo es un fenómeno complejo en nuestra isla, y es un fenómeno que se hace presente desde nuestra educación elemental hasta la superior (para ejemplo, leer esta nota) y parte de la vida cotidiana del país. Por tanto, no pretendí abordar este tema en esta breve entrada. Hice alusión a este fenómeno más bien con el propósito de demostrar que la situación que vivió el representante hace un mes con el fallecimiento de un familiar en combate, no es una situación exclusiva de su familia. Muchos puertorriqueños siguen activos en conflictos armados liderados por Estados Unidos. Pero, ¿qué han hecho los representantes de nuestro país por evitarlo? Nada. Al contrario, en vez de exigir el retorno de los puertorriqueños y estadounidenses en los conflictos, en vez de abogar y enfrentar al Congreso de los Estados Unidos para resolver este problema en lo que se llega a una definición de estatus no territorial y no colonial, lo que hacen es fomentar y apoyar cualquier conflicto armado llevado a cabo por los Estados Unidos.

[1] Esto es lo que popularmente en el lenguaje puertorriqueño denominamos “ser más papista que el papa”.